![]()
Colgada en la pared de un almacén en New Hampshire, una enorme bandera estadounidense anticipa la relevancia estratégica de lo que se resguarda en su interior: sacos de una tonelada con residuos mineros. Mediante procesos de electrólisis, esta planta extrae elementos críticos que el gobierno del presidente Donald Trump busca producir de manera local.
Se trata de Phoenix Tailings, una pequeña refinería situada en un parque empresarial de Exeter que podría convertirse en una pieza clave para arrebatarle a China el monopolio absoluto en el procesamiento de estos materiales. Sin embargo, escalar la operación no será inmediato: la compañía calcula que tomará entre un año y medio construir una nueva fábrica —financiada con un préstamo de 500 millones de dólares otorgado por el Pentágono— para potenciar al máximo sus etapas de separación y metalización, el eslabón más frágil de la cadena nacional.
Urgencia militar y presión regulatoria
La labor dentro de la planta, donde los operadores trabajan protegidos con trajes térmicos y mascarillas selladas, cobró máxima prioridad debido al rápido agotamiento de municiones a raíz de los conflictos en Medio Oriente.
Minerales críticos son indispensables para fabricar sistemas de armas avanzados de uso masivo en las fuerzas armadas estadounidenses, desde cazas F-35 e interceptores THAAD hasta misiles de crucero Tomahawk. Si bien la Casa Blanca presiona a los contratistas de defensa para acelerar la fabricación, al mismo tiempo endurece las reglas prohibiendo por completo el uso de componentes chinos en la cadena de suministro.
«Será una tarea ardua y un gran desafío reponer estas existencias y aumentar la producción en el plazo necesario para satisfacer la demanda y cumplir con las regulaciones de defensa», advirtió Anthony Balladon, cofundador y director comercial de la firma, quien confirmó que trabajan a marchas forzadas para ampliar su capacidad.
Una alternativa rápida frente a la burocracia minera
Aunque Estados Unidos acelera el paso para levantar una cadena de suministro independiente de su principal rival geopolítico, poner en marcha nuevas minas desde cero suele tardar años.
Ante este panorama, reciclar y extraer valiosos metales de los desechos acumulados en minas tradicionales se perfila como una solución inmediata y vital para ganar tiempo mientras la industria nacional logra despegar.